martes, 12 de febrero de 2013

De las miradas al beso eterno, un amor de 72 años

¿Cuánto ha cambiado el mundo desde que Teresa Lozano y Heriberto Toledo decidieron unir sus destinos, cuánto ha cambiado el amor? Estos matanceros de noventa y tres años, de ellos 72 de casados, dicen que sí, que existe el amor verdadero y que es posible llevarlo hasta al final




Teresa Lozano y Heriberto Toledo tenían once años cuando iniciaron su amor, en un tiempo en el que las miradas lo decían todo.
Vivían en la misma cuadra, en la barriada matancera de Bachichi, tan solo a unas puertas, pero las costumbres de entonces los hizo esperar hasta los 17 años para formalizar su noviazgo.
Conocieron del rigor de amar en otra época, de cuando los padres de Tere únicamente otorgaron a Heri el domingo, de siete a ocho de la noche, para visitarse.
Ahora, Heriberto Toledo, a la distancia de 72 años de amor ininterrumpido, comenta que le parece que fue ayer cuando dijo a sus amigos que soportaría cada exigencia, porque la amaba.
Después hubo más confianza y se le cedió el miércoles, también el viernes, y al final “me cogí todos los días durante tres años y medio”.
El 27 de enero de 1941, la pareja yumurina llegó al matrimonio, luego vendrían los hijos, dos, y ahora la familia suma cuatro nietos y seis bisnietos.
 A la edad de noventa y tres años, estos matanceros dicen que sí existe el amor verdadero, y su receta ha sido simple: el respecto mutuo.
“Cómo no va a existir, para nosotros sí existe”, responde Teresa, y muy cerca de ella, sosteniendo su mano, Heriberto interrumpe: “cada vez nos queremos más, ya estamos al final de la tarea que comenzamos ¿no?”, dice y sonríe leve con su mirada clara de los muchos años, “además tenemos a la familia completa a nuestra disposición, todos nos quieren mucho”.
“Todavía nos bañamos juntos”, aclara ella, ya no como la anciana de nueve décadas, sino como la joven de antaño. “También dormimos juntos, él cuida mucho de mí y yo de él, claro el amor de hoy es distinto, pero bueno la vida continúa y va cambiando”.
Pasan sus días en compañía, unas veces frente a la televisión y las más teniéndose uno al otro, porque insisten que el amor es posible hasta el final.
“Él recuerda cada fecha: mi cumpleaños, el día de los enamorados, siempre hay detalles. Todavía… todavía existe eso”, acentúa Tere, y a lo lejos el familión apunta momentos inolvidables y recuerdos de ocasión.
“Porque el amor hay que cuidarlo”, apunta Heri. “He tenido una vida feliz junto a Teresa. Nunca hemos tenido una palabra de diferencia, tampoco contestas. Creo que ése es nuestro legado a los de atrás”.
Residen en la misma cuadra donde nacieron, en la que aún visitan a amigos y familiares, para que otros no pierdan la fe en el amor, ya sea hoy más rápido, más dinámico y moderno.
Lo importante es amar desde las diversas formas posibles, como también lo hace la familia Toledo Lozano, al vivir pendiente para que sus abuelos continúen “amándose”.

A la edad de 93 años, estos matanceros reafirman su amor de 72 años.
 
Residen en el barrio matancero de Bachichi donde nacieron y consagraron su amor.



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1 comentario:

Lis dijo...

Me gustó mucho tu trabajo. Historias de amor como esta no se encuentran todos los días.

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